(Fragmento)
lunes, 14 de enero de 2013
Sin título (por ahora)
(Fragmento)
domingo, 26 de febrero de 2012
Viaje de las dunas
Despertó. Recorrió sigilosamente el lugar con un movimiento elíptico de la mirada. El suelo, abrumando en un pastizal seco, perdía su finitud hacia el horizonte y se fundía en la indeterminación de los muros. El firmamento se alborotaba de rojizas luces, más rutilantes que las estrellas. Parecía poder palparlo ella misma. Todo estaba oscuro; la sombra convertía el lugar en nada, le quitaba identidad y le imponía una nueva fisionomía. A lo lejos, y por el entrecierre de sus ojos, divisó una pequeña puerta de vértices curvilíneos. La dama había olvidado las nociones básicas de conocimiento, había desarticulado su lógica. Las pictóricas cortinas de su recámara habían perdido la calidez y la arroparon en… ¿un sueño? Una travesía sin idealización o una partida del campo de disturbio. En el fondo, aquellas arenas eran conocidas, en algún momento las había pisado. Eran zonas de tierras húmedas que el Sol nunca tocaba, y donde la sombra devoraba y gobernaba. La soberana había muerto, ya olfateaba su cadáver descomponiéndose.
En la puerta (sin saber si era una salida, una entrada o siquiera qué lugares conectaba), una criatura monstruosa aguardaba su llegada. Era un gigante que duplicaba su estatura, de espaldas anchas y tez cobriza. Tenía unas pantorrillas fibrosas que sostenían un tronco abominable, similar al de los esclavos de los días de Ra. Gruñía. La ambigua figura concluía con una hostil cabeza de chacal, con pelaje noche y colmillos de marfil, como los de las alimañas de los relatos del río. Pavorosa, la secuestrada intentó comunicarse, pero la bestia no era bestia sólo por su zoomorfismo, sino porque no dominaba su misma lengua. Le indicó con la mirada que lo siguiera, y así lo hizo ella, con cierto halo de confianza. Anduvieron por un sendero lineal de bordes anaranjados. El chacal a la cabecera, ella detrás, encogida de hombros, incomunicada. El diálogo era nulo pero comprensible. La soberana conocía a su guía. El temeroso Anubis marcaba su ruta, y ella predecía adónde llegaría.
Había arribado al santuario que la brisa arrastraba de lenguas a oídos. Anubis se detuvo y se reubicó al foro, estático. La prisionera inhalaba con vehemencia para clamar su inquietud. Delante de ella estaba la balanza. De izquierda a derecha, dos platillos claramente visibles, brillantes y de color de las arenas levitaban sostenidos por el mismo aire. Equidistaban y no existía un mínimo margen de oscilación. Reconoció que había llegado su momento de estar ahí, como narraba el Libro de la Salida al Día. Sin embargo, no recordaba cómo fue que había partido su tierra. Estaba en el Imperio del Duat, un sitio de condena y de evaluación, de juicios y penas, de sangre y gracia. Era su turno.
(Fragmento)

domingo, 20 de febrero de 2011
Observado
domingo, 30 de enero de 2011
Ama a tus hijos
viernes, 26 de noviembre de 2010
Lluvia
jueves, 28 de octubre de 2010
Recuerdos de Asterión
¡Qué decepción! ¡Tanto trabajo hecho escoria! Un loco, eso voy a volverme. Tantos tiempo, tanta minuciosidad, tanto aliento y tanto sudor hasta moldear la obra maestra. Nunca reelaboraré monstruo sin igual, ni los mencionados palacios de Egipto se le asemejarían. No siento más que un desdeñoso sentimiento a las raíces, y a los creadores de majestuosidades como éstas. La altivez de tantos en virtud de la destrucción es incomprensible. Asolaron mi casa, mis muros y puertas de infinito número. Alteraron la quietud y la soledad de la bestia.
El hecho es que era único. Y murió en manos del soberbio, del filántropo. Amante de la plebe de caras descoloridas y aplanadas, como la palma de una mano. ¿Quién puede prestar su vida para admirar a un titán destructor? Aniquilador de esperanzas y libertades. Mi criatura ha perdido sentido y mi orgullo ahora carece de espíritu. ¿Repetiré que ya no hay una puerta, añadiré que no hay una cerradura? Me siento abrumado, arropado por la soledad que la partida que mi gran amigo me ha dejado. Muerte, es lo que deseo para aquel bellaco. Como mueren las galerías, como muere la sombra del aljibe. ¡Qué el ananké y las furias corrompan con gracia su profesión, y lo conduzcan un suicidio que lo encierre en una prisión de agonía hasta arribar el hades.
Todo se derrumba lentamente, lo contemplo. Los ladrillos magenta, unos tras otros caen sin que yo me ensangriente las manos, las mías, las que dieron vida y sostuvieron el deceso. Puedo observar la construcción, pero su ser es vacuo. Los gajos han perdido total sentido por un traicionero hilo que condujo a la perdición la laboriosa faena. Ahora nadie entrará jamás, porque ya no existe; porque él ha muerto. Nadie sería liberado de todo mal, ni en nueve o mil años.
Si mi oído alcanzara todos los rumores del mundo, hubiera saido el destino de los oráculos y que mi habitante partiría al Hades, por inocencia o codicia. Es por ello que me marcho. Desde lo alto veo mi laberinto intacto, pero para mí, le han quitado la vida. Despliego mis alas a lo aún no conocido, en búsqueda de un nuevo palacio por crear. Un nuevo deseo por lograr, un nuevo cosmos por imaginar, y nuevas paredes por levantar.
Un pequeño homenaje a un
grande de las letras argentinas
Monsieur Magnifique
sábado, 9 de octubre de 2010
Corazón de hierro

Monsieur Magnifique
jueves, 13 de mayo de 2010
Esas cosas siempre suceden
Puta, se tildó la compu.
sábado, 10 de abril de 2010
Sigues presente
domingo, 28 de febrero de 2010
La taza de té
Monsieur Magnifique
martes, 26 de enero de 2010
Infortunio de Frederich
Nada le había causado tanto pavor a Lord Frederich Manrow como despertar más tarde y ver el techo tan cerca, rozando sus narices.

Monsieur Magnifique
